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La cultura del departamento del Quiché es de una gran
originalidad y deslumbrantes costumbres, pues en su territorio se
resguardan las más antiguas tradiciones mayas del país.
Uno de los municipios más conocidos del departamento del Quiché es
el de Chichicastenango, caracterizado no sólo por su mercado
multicolor, sino también porque en su templo principal se llevan a
cabo ceremonias donde se aprecia, en toda su magnitud el sincretismo
religioso que representa, las manifestaciones espirituales del
pueblo maya.
Las
danzas por las que ha sido reconocido Quiché en todo el país, se
realizan durante las fiestas patronales de su cabecera, Santa Cruz
del Quiché, y también las que aún se conservan en el municipio de
Joyabaj, en donde son complementadas con juegos pirotécnicos,
platillos típicos y una fuerte presencia de cofrades.
Quiché es la región del país que ha sufrido con mayor severidad las
consecuencias del prolongado enfrentamiento armado que finalizó con
la Firma de la Paz. No obstante, eso no ha logrado empañar la
riqueza cultural que distingue a sus poblados y a su gente, y que
coloca a este departamento entre los más representativos de la
historia ancestral de Guatemala.
Una de las regiones más deslumbrantes y mágicas de Guatemala es
el departamento de Quiché. En su territorio se resguardan las más
antiguas tradiciones mayas y mayanses del país en su forma auténtica
y continua, ya que la resistencia y persistencia de rasgos
culturales mayas se impusieron en gran medida a las formas
occidentales implantadas a partir del siglo XVI por los españoles.
No obstante, que la cultura del departamento tiene una ascendencia
maya y mayanse por excelencia, existen muchas formas socioculturales
resemantizadas e hibridizadas que han dado como resultado una
cultura de alta originalidad y autenticidad.
En la región del departamento de Quiché, se encuentran aún presentes
mitos especiales de la historia prehispánica de Guatemala. En ella
confluyen las etnias mayanses k'iche', ixil, uspanteka y sakapulteka,
distribuidas entre valles, ríos y enormes montañas en los municipios
respectivos. También la cultura occidental, de clara ascendencia
española, está presente con mucha vigencia, pero configurada por la
visión del mundo y de la vida de los ancestrales pobladores mayanses.
En
la cabecera departamental y en los núcleos de los pueblos del
departamento, existe presencia de pobladores ladinos y mestizos, que
tratan de asentar su identidad, aferrándose a los rasgos culturales
heredados desde tiempos de la conquista española. Sin embargo,
constituyen bolsones de población que sufren la capilaridad con la
cultura indígena de dichos poblados de mayoría mayanse.
No hay otro departamento de Guatemala en donde la presencia de la
antigua cultura maya y mayanse se respire tan profunda y
cristalinamente, y en donde la nitidez del paisaje se mezcle con la
cultura de sus habitantes en una armonía que recuerda los primeros
tiempos del poblamiento de esas regiones.
En su seno persisten ancestrales formas religiosas con mucha pureza
maya, y otras, sincretizadas con la religión católica; conviven, a
veces, contradictoriamente en cada uno de los pueblos y aldeas.
En el departamento de Quiché se encuentran las ruinas de Gumarcaaj,
la antigua capital del Señorío K'iche', el cual predominó en toda el
área mayanse hasta la llegada de los españoles. Los templos de este
centro ceremonial, aunque en ruinas, están aún vigentes en la
mentalidad colectiva k'iche'. Forma parte profunda de aquella
espiritualidad ancestral, en donde los sacerdotes mayas, Ajq'ij y
los Chuch Qajaw, cofrades, encuentra su axis mundi (centro del
mundo), que les permite unir por medio de rituales sacros la
historia antigua de los antepasados, con la vida contemporánea, en
peticiones específicas al Corazón del Cielo y de la Tierra (Uk'u'x
kaj).
Lugares ancestrales como Chichicastenango, la antigua Chiavar o
Chuvilá, con su religión sincrética y en cuyo ámbito el sabio
amanuense k'iche', escribió en el siglo XVI, el Popol Vuh en idioma
k'iche', en cuyas páginas se encuentra toda la concepción de su
mundo antiguo, y cuyas historias, leyendas y mitos aún están
presentes en la tradición oral, a veces fragmentadas, narradas con
toda propiedad por los contadores de historias de la región.
Espiritualidad única y alucinante, se encuentra en cada cerro y en
cada río de la región del Quiché.
De esta manera, la literatura oral del departamento, son ancestrales
historias mayas y mayanses expresadas en leyendas míticas, mitos y
cuentos tradicionales. Unicamente en los núcleos mestizos de los
pueblos del departamento, sobreviven formas literarias occidentales,
básicamente cuentos maravillosos de animales y leyendas de espantos,
aparecidos y ánimas en pena. Hasta el momento no se ha reportado
literatura antigua como romances, romancillos, coplas y décimas.
Las
tradiciones orales del Quiché tienen un sentido sacro y de búsqueda
de orígenes míticos. De esta manera los contadores de historias las
narran en lugares sagrados y en ocasiones rituales, en cerros y
adoratorios, por lo que se tiene poco acceso a las mismas. No
obstante, en los pueblos en general existen narradores tradicionales
que cuentan sus historias antiguas en velorios, "cabos de novenas"
y, especialmente, en reuniones familiares comunales, alrededor del
fogón, en las antiguas casonas, en las tardes frías y brumosas.
Los narradores de historias reciben distintas denominaciones según
la etnia correspondiente en el departamento. Así, entre los
k'iche'es se denominan Ajtzijol K'ulmatajem, en tanto en el área
ixil, Alol o'tlayol. Entre los mestizos no reciben un apelativo
especial, sino se les conoce como cuenteros o leng¸eros.
La literatura oral k'iche' es rica y vasta, de tal manera que
únicamente nos referiremos a las leyendas heróicas y a los mitos
cuya conexión es directa con la historia antigua de los pobladores
mayanses. A pesar de la fuerte presencia maya, la resemantización
colonial sugiere a cada instante figuras literarias occidentales.
No existe un solo poblado de la región quiché que no cuente con su
leyenda formadora y originaria, que todos los habitantes de la
región conocen y repitan. Por tanto, los Ajtzijol K'ulmatajem,
contadores de historias k'iche' de Chinique, señalan que en los
primeros tiempos los moradores vivían muy felices en el lugar
llamado Chuaxán', hasta que llegaron los españoles. A un español de
apellido Nique, le dieron todas las tierras del área, y el mandó a
botar todos los árboles, puso a la población nativa a trabajar las
tierras para las siembras y fundó una hacienda donde crió mucho
ganado. Pero el español Nique trataba muy mal "a la gente".
Un día los Ajq'ij "hicieron la costumbre de antes", invocando al
Corazón del Cielo y de la Tierra (Uk'u'ux Kaj), quien se fue a traer
al Señor de Esquipulas, a quien le reclamó por los malos tratos.
El señor de Esquipulas se enojó, se vino del cielo, castigó al
español Nique y lo expulsó de la tierra quichelense. Los moradores
se pusieron contentos y nombraron santo patrón al Cristo de
Esquipulas, pero el señor les dijo que estaba bien, pero que el no
podía quedarse con ellos. Lo único que les pidió fue que se
olvidaran del español y que al pueblo lo llamaran Chinique, como hoy
se conoce.
En
la región de San Pedro Jocopilas, narran que antiguamente un hombre
salió a cortar un árbol al lugar llamado Sak'rip'al, se encontró con
un gran árbol y lo empezó a cortar para hacer leña. Al caer el
árbol, de la rama más alta saltó un escaparate con un santo adentro.
El leñador se asustó y fue a traer a los ancianos rezadores
(Nimawinaq Ajch'ab'al), los que reconocieron a San Pedro, quien les
dijo que el Ajaw Kaj Uleb (Dios Mundo), lo había enviado para estar
con ellos. Entonces se lo llevaron y le construyeron su iglesia. San
Pedro no estaba contento y se quejó al Corazón del Cielo y de la
Tierra (Uk'u'x' kaj), ya que extrañaba las ramas del árbol que
habían botado.
Uk'u'x' kaj instruyó a los Ajq'ij para que le construyeran una
iglesia exactamente en donde había botado el árbol, y les mandó a
decir que lo nombraran como Santo Patrono. San Pedro se puso muy
contento y se quedó como santo protector, delegado del Corazón del
Cielo en Jocopilas.
En tanto en Patzité se asegura que los primeros habitantes vinieron
de Santa María Chiquimula, municipio del actual departamento de
Totonicapán. Dicen los Nimawinaq Ajch'ab'al que en tiempos antiguos,
los de Santa María Chiquimula pasaban mucha hambre por eso se fueron
al norte, a Santa Cruz del Quiché, donde pidieron tierras; pero como
no había, les dieron el cerro Tz'ite', donde sólo crecían árboles de
Pito (che' tzite'). Los hombres aceptaron y así fundaron el pueblo
de Patzité.
Dicen los ancianos que por eso las mujeres del pueblo usan
todavía el traje de Santa María Chiquimula, como recuerdo de su
lugar de origen.
Leyendas de la misma naturaleza viven en todos los municipios de
Quiché. Particularmente son muy originales las de Canillá, Cunén,
Pachalum, San Antonio Ilotenango y Zacualpa.
Las tradiciones míticas del origen de los pueblos está ligada al
origen del maíz, como punto central de toda la cultura maya-quiché.
En Joyabaj se asegura que en tiempos antiguos, un leñador salió al
paraje de Pachichij a cortar un árbol para hacer fuego, cuando
pasaba por el río Ariquín, vio una luz que no lo dejaba ver; se
restregó los ojos y se le acercó una señora hermosa vestida con el
huipil de ceremonia de las chuchuxeles (mujer cofrade indígena
quiché), donde llevaba tres matas de tallos altos. Como el hombre
sabía que por ahí no vivía nadie se asustó, pero la mujer le dijo en
quiché que ella era la dueña de todos esos parajes, porque su tata
era el Dios Mundo y se los había regalado.
Para probarle que era buena, le entregó las tres plantas, abix'
(milpa), ajij (caña de azúcar) y zuk'ul (plátano), que el hombre fue
a dar a los Ajq'ij del lugar, quienes los sembraron y tuvieron
buenas cosechas. Pero los Ajq'ij querían saber la identidad de la
chuchuxel que había dado esas prendas, por lo que mandaron otra vez
al hombre al río Ariquín, pero éste ya no la encontró; en su lugar
halló la imagen de la Virgen de la Asunción pero sin huipil.
El la reconoció porque era "su misma cara chulita", como la de la
señora que le había dado las matas. La señora le dijo que ella era
la Virgen María de la Asunción, que quería ser la patrona del pueblo
pero se tenía que regresar a la casa del Ajaw Kaj Ulew, el Dios
Mundo, que la había enviado a que le construyeran una iglesia, que
le pusieran su nombre y que se quedaran con las plantas. Así es como
ella es la santa patrona de los joyabajenses.
Se cuenta en Zacualpa, que en tiempos pasados ellos no conocían el
alimento, lo único que comían era tabaco. Comían un grano que crecía
en la tierra y daba abundancia. Entonces, los Ajq'ij se fueron a
Canillá e intercambiaron tabaco por maíz. Por eso se fuma en Canillá
buen tabaco y en Zacualpa ya no se pasa hambre.
Otras leyendas
extraordinarias de Quiché son las siguientes:
Aseguran en Chiché, los Ajtzijol K'ulmatajem quichés, que en
aquellos tiempos el pueblo tenía como santo patrono a Santo Tomás, a
quien le habían construido su iglesia. El día que iban a bendecirla,
quisieron llevar al santo de la cofradía a la iglesia, pero no
pudieron levantar el anda después de haberla adornado, aunque todos
los hombres del pueblo intentaron.
Los sabios del lugar se reunieron: los Ajq'ij, los ancianos
rezadores Nimawinaq Ajch'ab'al discutieron e hicieron las costumbres
necesarias, pero aún así no pudieron mover al santo. Entonces el Aj
Kun, médico sabio, dijo que se hicieran los bailes conocidos, pero
tampoco dio resultado: el santo no se movía. Por lo que consultaron
al Dios Mundo, el Ajaw Kaj Uleb, que les diera una solución.
Entonces les envió un nuevo baile que le llamó Xojoj re camatz o
baile de La Culebra.
Las máscaras con expresiones grotescas y los hombres, fueron
fáciles de conseguir, y se vistieron con harapos para danzar. Pero
lo que no conseguían eran las culebras. Volvieron a consultar al
Ajq'ij, quien dijo que sólo el Corazón del Cielo (Uk'u'x kaj), podía
ordenarle al Señor del Cerro dar las culebras para el baile. Sólo
haciendo la costumbre al pie del cerro lograron conseguir las
culebras. Con ellas en un cofre se fueron a la cofradía, y empezaron
a bailar al son de la marimba. Al llegar a la cofradía, el santo se
dejó levantar. Es así que Santo Tomás salió de la cofradía y se
instaló en su camerino en la iglesia recién bendecida en Chiché. Y
desde entonces el baile de La Culebra es la danza principal de la
fiesta del santo patrón en este pueblo.
En
Santo Tomás Chichicastenango persiste una de las más antiguas
historias, cuentan que Paxcual Ab'aj vivía en un cerro sagrado. Se
trata de un hombre misterioso y enamorado que chulea a las "patojas"
de la región. Si es aceptado por ella llegan a tener mucho dinero,
pero no todas tienen esa suerte.
Aseguran en la región ixil, los Alol o'tlayol, contadores de
historias de Cotzal, Chajul y Nebaj, que un hombre que no era de por
ahí bajó a cortar caña de azúcar a la costa. Iba entre los
cañaverales cuando vio un pequeño collar que recogió; pero como
atrás de él venían otros hombres, se lo tragó. El hombre entonces se
murió porque el collar se convirtió en culebra. Fue un castigo de
Tiixh, Dios Mundo de la región ixil, por no querer enseñárselo a los
otros.
También en Nebaj se cuenta que antiguamente, Tznxelal Almika,
Corazón del Cielo, estaba muy unido a los hombres del área Ixil;
pero los hombres lo empezaron a espiar y juzgarlo, por lo que el
Tznxelal Almika dispuso castigar "a las gentes" y les mandó una
lluvia de fuego, que penetró en el cerro y mató a quienes se habían
encerrado en las urnas. A los que sobrevivivientes se les asignó la
tarea de cuidar a los hombres, y se les dio como morada todos los
cerros del ixil. Por eso existen los Señores de los Cerros.
Otros de los famosos mitos quichés de antiguo origen, es el de la
mujer infiel que cuentan los contadores de historias de Cotzal, los
Alol o'tlayol. Este mito enseña el castigo que recibe una mujer que
no es fiel a su marido.
En Uspantán afirman los narradores de historias que en aquel tiempo
San Miguel Arcángel fue de visita a San Andrés Sajcabajá, en el día
de la fiesta de Santa Catarina. Reunidos los santos y la gente,
empezaron a tomar atol, cuando San Miguel vio esto, quiso tomar atol
y también hizo fila, pero no le dieron nada. Esto sucedió en la
cofradía de Santa Catarina. Luego se fue a la cofradía de San Andrés
y volvió a hacer fila, pero tampoco le dieron atol. Como las
personas miraron raro las alas y el machetón que tenía, lo
persiguieron, por lo que San Miguel llegó al río Chokox, donde voló
para no mojarse las alas y cayó al lado de Uspantán, cuyos moradores
lo protegieron y nombraron protector del pueblo.
En
la región de Sacapulas, se afirma que antiguamente no se podía pasar
sobre el río Chixoy o Negro, porque no tenía puente. Entonces el
diablo que no se quería mojar los pies, fue a donde el padre Eterno
y le pidió una hija como la Virgen María. Este le dijo que estaba
bien, pero que le construyera un puente sobre el Chixoy para que
sirviera de paso a los pobladores de Sacapulas. El puente tenía que
ser construido en pocas horas, antes de que cantara el primer gallo,
de lo contrario el Padre Eterno no cumpliría. El diablo quiso
"babosearse" al Padre Eterno, por lo que dispuso matar a todos los
gallos y gallinas que habían en el pueblo. San Pedro se dio cuenta
"de las gracias del Diablo", por lo que pudo quitarle un huevo a la
última gallina y lo guardó en el morral.
El diablo empezó a construir el puente rápidamente y casi lo tenía
acabado, cuando poco antes de las tres de la mañana "cantó el huevo
que San Pedro tenía en su morral". El diablo sorprendido se asustó y
salió corriendo. Como el puente ya casi estaba terminado, lo quiso
botar de una patada, pero no lo logró porque ya estaba bendito por
el Padre Eterno. Sólo quedó estampada su huella en las piedras de
este puente.
Las historias antiguas, los mitos y las leyendas mayanses del
Quiché, son de originalidad única en la literatura oral
guatemalteca.
Por otro lado, entre los cuenteros de Santa Cruz del Quiché y San
Bartolomé Jocotenango, tiene mucha vigencia el cuento de "Los tres
consejos", de ascendencia occidental, en el cual se narran las
aventuras de un hombre que debe escoger entre el dinero y tres
consejos. El hombre escoge los consejos y después de muchas
aventuras maravillosas alcanza la felicidad.
No obstante la riqueza profunda de la literatura oral Quiché, ha
sido afectada substancialmente por la violencia que azotó Guatemala,
entre 1960 y 1996, especialmente en el Triángulo Ixil, Ixcán y Playa
Grande, así como toda la región de quiché. La guerra destruyó los
tejidos sociales de la tradición oral.
Actualmente en esta área se reconstruye la memoria histórica
ancestral, se crean nuevas formas de tradiciones orales a partir del
asentamiento de los pueblos retornados y de una nueva simbiosis
cultural. Sin embargo, y a pesar de los horrores de la guerra, las
ancestrales creencias mayas-quichés siguen vivas, existen como
cultura de resistencia a la cultura globalizante del final del siglo
XX.
Música y medicina tradicional
En cuanto a la medicina tradicional, la región quiché es muy
rica, ya que sobreviven con plena vigencia las prácticas
tradicionales médicas de las etnias mayas y mayanses, que habitan el
área. Estas alivian todo tipo de enfermedades del cuerpo y del alma.
Así, para las enfermedades del cuerpo el temascal o tuj entre la
población quiché tiene mucha aceptación. En San Andrés Sajcabajá las
aguas termales de su territorio son curativas. Alivian todo tipo de
enfermedades. Las fuentes termales de Sacapulas, al margen del río
Chixoy, son consideradas las más milagrosas de la región.
Plantas medicinales son utilizadas en toda el área. La ortiga del
chichicaste sirve para aliviar enfermedades de la piel. En el área
ixil, los médicos mayas o Ajz'ak, sanan con plantas medicinales,
aguardiente blanco, sal blanca y negra, miel, aceite, y jabón de
coche. Además, existen comadronas, compone huesos y otros
especialistas como hierberos y perfumeros que combaten las
enfermedades de la población.
En
cuanto a la música, la región quiché es inmensamente rica en
instrumentos musicales (marimbas de todo tipo, pito, tambor,
chirimía, tun y guitarras), quienes interpretan una extensa gama de
ritmos, en especial el son bailable regional y el sacro de cofradía.
Se ejecutan en las fiestas patronales y en festividades religiosas y
cívicas.
Religión
La
religión del departamento del Quiché es altamente sincretizada, pero
sobresalen las creencias y prácticas religiosas ancestrales mayas y
mayanses con conexión prehispánicas.
Toda la región está poblada de adoratorios al Dios Mundo y al
Corazón del Cielo y la Tierra, así como a los señores de los cerros.
En Quiché, se puede hablar con toda propiedad de una religión
cristiana-animista, donde se conjugan creencias antiguas, las cuales
conforman un nudo de lo sagrado único en Guatemala.
Todos los municipios de la región son expresivos en la ritualidad
maya y en las expresiones rituales de procesiones de cofradías,
bailes sacros y diversas manifestaciones religiosas populares. El
ejemplo más evidente son los rituales que se desarrollan en el
pueblo de Chichicastenango, la antigua Chuvila o Chivar
prehispánica. En el atrio de la iglesia de Santo Tomás
Chichicastenango y en el interior de la misma, los Ajq'ij, realizan
ceremonias tanto para los santos cristianos como para las deidades
mayas. Y muy cerca de ahí, en el cerro encantado donde está Pascual
Abaj', se realizan todo tipo de ritos para pedir por los hombres, la
vida y la naturaleza de la región.
No obstante la contracultura del turismo, los antiguos rituales
mayas tienen plena vigencia en el ámbito de la profundidad sacra
quiché.
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